Crónica: BBK Live 2013

Nunca había estado en Bilbao aunque sí en festivales de música de varios días de duración. Había que repartir bien las fuerzas, teniendo en cuenta que me ha tocado ir sin ningún tipo de acreditación, que dependía de otras personas y porque además quería ver lo que era para mí lo imprescindible del BBK Live de este año (ya me imagino lo que estaréis pensando: excusas, excusas, excusas…). En fin, a continuación me dispongo a narraros en plan informal y requetepersonal mi experiencia.

DÍA 1

Tras mil y una vueltas en autobús conseguimos llegar al Kobetamendi. Inspeccionamos la zona para saber dónde estaban todos los bares, baños, puestos de venta de merch… Y después nos acercamos a toda velocidad al escenario Heineken, donde estaban tocando Toy, unos melenudos rubios que parecían autómatas de las Meninas de Velázquez más que músicos. No es que sonaran mal (aunque no son mi estilo), pero les faltaba un poco de alegría y vestirse con ropa veraniega (¿jersey negro con cuello alto en julio? ¿WTF?). Por suerte después de ellos actuaban Billy Talent, que aunque pienso que deberían haber estado en el escenario principal, dieron un espectáculo sin igual. Entre el público se infiltraron tres o cuatro folloneros que intentaron aguarnos la fiesta a todos los demás, pero entre codazos y empujones no lograron su propósito. Los canadienses hicieron un buen y rápido repaso a los principales éxitos de su discografía (cayeron “Fallen Leaves“, “Surrender“, “Try Honesty“, “Rusted From The Rain“, “Surprise Surprise“…) y nos recordaron que ya habían pasado 5 años desde la primera vez que pasaron por nuestro país. He de decir que me falló un poco el sonido, porque es extraño que a Benjamin Kowalewicz no se le escuche bien con esa peculiar voz que tiene.

Billy Talent

Billy Talent

Después de Billy Talent visitamos los stands, entre los que se encontraba el de Rockzone, Vodafone Ink (donde te podías hacer tatuajes de henna) y varias marcas de merch (a parte del stand del merch oficial del festival). Más tarde nos quedamos viendo el concierto de Editors, cuyo estilo no me vuelve loca, pero he de decir que tienen un directo buenísimo y como calentamiendo para Depeche Mode estaban bien. Oh, Depeche Mode… Menudo grupazo. Tienen tropecientos años y no parecen haber perdido nada de fuelle, sobre todo su cantante David Gahan, al que le salieron unas cuantas grupis nuevas esa noche. Tocaron varias canciones de su nuevo trabajo “Delta Machine“, pero no se olvidaron de sus éxitos de toda la vida (“Enjoy The Silence“, “Personal Jesus“, una preciosa interpretación de “Judas“, “Just Can’t Get Enough“, “Walking In My Shoes“… Ya sabéis). No decepcionaron en absoluto a pesar de que hubo algún fallo técnico y dieron un muy buen show.

Depeche Mode

Depeche Mode

Para terminar, la guinda de la noche: Biffy Clyro. El escenario Heineken pudo haber saltado por los aires con la actuación de los escoceses, que parecían tan emocionados como su audiencia (más tarde nos preguntarían vía twitter qué nos habían echado en el agua). Hubiera sido perfecto que su setlist fuera más largo, pero aún así la selección de temas no estuvo nada mal, aunque me faltaron “Folding Stars”, “Who’s Got A Match?” y alguna del “Blackened Sky”. De todas formas sonaron los singles de su último trabajo “Opposites” (“Biblical“, “Black Chandelier“, “Opposite“, “Stingin’ Belle“, además de “Spanish Radio” o “Sounds Like Balloons” – y también tocaron por primera vez una de las nuevas que no recuerdo cuál era, disculpadme -), pasando por los singles del “Only Revolutions” (increíble volver a escuchar en directo “The Captain“, “That Golden Rule“, “God & Satan“, “Bubbles“, “Mountains” y la bellísima “Many Of Horror“). Después de aquello nos fuimos al hotel con una sonrisa que no se nos borró en las siguientes horas. ¡Mon The Biff!

Biffy Clyro

Biffy Clyro

DÍA 2
El segundo día fue cuanto menos extraño. No me despertaba tanto interés como el anterior ni como el siguiente. Fue el día conocido como el del moderneo y lo sabíamos. Aún así quisimos ver qué se cocía, aunque nos lo tomamos con una calma de libro. Y mejor para nosotros porque no nos esperábamos lo que iba a suceder. Después de un paseo – para comprarme yo una camiseta de Depeche Mode y tatuarme unas estrellitas de henna cual choni punk rocker – nos sentamos en el monte y pudimos ver que el escenario principal ya estaba petado. ¿La razón? El plato principal de la jornada era Kings Of Leon y aunque aún faltaban horas para su aparición, la gente ya estaba lista para verles. Pero antes tocaban The Vaccines, grupo que me sorprendió gratamente. Pero, ¡porca miseria!, cuando los británicos llevaban unas tres canciones y me estaban enganchando, empezó el apocalipsis. Los cielos se abrieron y empezó una fuerte tormenta, con rayos y truenos, que pareció significar el principio del fin. The Vaccines detuvieron el concierto y todo el mundo (unas 25-30.000 personas) intentó cobijarse bajo la pequeña carpa del escenario Vodafone. Mientras unos se tiraban por las laderas embarradas y otros nos hacíamos fotos con el batería de Dinero, que pasaba por ahí (Ekain, muy majo él), el escenario principal se despejó y sobre el escenario de Vodafone comenzaron a tocar los Fuel Fandango, una de las formaciones más raras que he tenido el honor (y a ratitos sueltos el suplicio) de ver. A mí el rollo electroflamencopop me tira patrás, no os voy a engañar, pero en originalidad ganan por goleada, la verdad sea dicha y no se me ocurriría decir que son malos en absoluto.

Cuando llevábamos cerca de una hora esperando en aquel pequeño y abarrotado recinto, decidí arriesgarme y comprobar cómo andaba la cosa. Ya no llovía, aunque chispeaba, así que mi acompañante y yo nos dirigimos al, ahora vacío, escenario BBK y así, sin currárnoslo y con unas barritas luminosas de ron Brugal (que nos regalaron por el camino), llegamos a la primera fila. Vacilamos un rato sobre la suerte que habíamos tenido y yo empecé a hacer bromitas sobre la canción de “Sex On Fire” y así la espera no se nos hizo muy larga. Los Kings Of Leon y su fabuloso músico de apoyo (conocido desde ese día como “el cachas de ensueño”) aparecieron sobre el escenario y se desató el griterío y la locura entre el público. Ahora sí, eso estaba hasta los topes de fans de los Followill. Y bueno, yo ya no sé si es que no comprendo ciertos estilos o si me he vuelto muy exigente o qué me pasa, pero aunque los de Nashville dieron un concierto clavado (sonaban perfectísimos), me dejaron fría. Conocía algunas de sus canciones y tenía ganas de escucharlas en vivo y, aunque sonaban exactas a las grabaciones de estudio, me faltaba algo. Un poco de gracia, de salero, de alma (qué profundo). Técnicamente son la repera, pero me aburrieron, así de simple. Mi acompañante sin embargo lo flipó (también es más fan), así que eso, no sé si el problema lo tengo yo que efectivamente no entiendo ese rock calmadito o si es que el “cachas de ensueño” me pareció más interesante que todo lo demás. Aún así yo me marché feliz por haber escuchado aquella “Molly’s Chambers” que tan diferente suena del estilo actual de la banda y que tanto me gustaba hace unos años. En cuanto terminaron tuvimos que marcharnos (sí, ya, sé que debería haberme quedado más, pero eran cuestiones ajenas a mí) y yo me marché exhausta. Había sido una jornada rara e interesante, pero no podía esperar a la siguiente.

Kings Of Leon

Kings Of Leon

DÍA 3
Y llegó el último día, reconocido como el “Día Verde”. La razón es obvia. Green Day iban a ser los artistas principales de aquel día (y no porque yo lo diga, dejad que hablen las 37 mil y pico personas que se congregaron en el Kobetamendi aquella noche). A la entrada nos encontramos con lo que nos esperábamos: tropecientos quinceañeros con camisetas del trío (bueno, ahora cuarteto) californiano, muchos además acompañados de sus padres. Lejos de molestarme (como a más de uno), a mí me pareció algo enternecedor y me recordó a aquel 28 de junio de 2005, cuando yo era la chavalina de 15 años que acudía a ver a Green Day, su banda favorita, por primera vez. No os mosqueéis con los críos, que en algún momento tienen que empezar a fijarse en los grupos de los mayores (y si no os mola, no os quejéis de Justin Bieber y los One Direction, hipócritas). Bueno, sigamos con el festival. Esa vez no nos relajamos, entramos con todas las prisas del mundo mundial para pillar un buen sitio y me congratula decir que lo logramos. No tardaron mucho en aparecer Jamie N Commons (muy populares gracias a “The Walking Dead”) sobre el escenario y la verdad es que me encantaron (y por fin supe de quién era la versión de esta canción que últimamente no dejo de oír en todas partes). Además de tocar y cantar como los ángeles, los mozos tenían pinta de simpáticos, como apunte personal.

Y después de Jamie N Commons, llegó la gran explosión. The Hives aparecieron en el escenario con un enérgico y exquisito concierto, como de costumbre. Creo que es una de esas bandas a las que no me cansaré jamás de ver en directo porque son un circo y encima suenan de vicio. Eso sí, ya podían haberles dado más tiempo, porque… Bueno, en breves sabréis por qué. Entre sus discursos en pseudoespañol y sus movimientos de cadera, Pelle Almqvist se ganó el cariño y la simpatía de todo el respetable (como siempre) y sonaron temas de todos sus discos (salvo del “Barely Legal”), desde sus éxitos más recientes (“Come On!“, “Wait A Minute“, “Go Right Ahead“…) a los que ya son considerados clásicos de los suecos (“Tick Tick Boom!“, “Hate To Say I Told You So“, “Won’t Be Long“, “Walk Idiot Walk“…).

The Hives

The Hives

Y después de esta actuación tan brutal, llegó el definitivo anticlímax. Lo he dicho en voz alta y en mi Facebook: si hay un hilo musical en mi infierno personal, probablemente se compone en su mayoría de canciones de Vampire Weekend. Lo sé porque alguien tuvo la brillante idea de colocar a estos neoyorquinos (de refinado acento europeo…) entre dos de las más importantes bandas de rock de los últimos años. Las malenis y los gafapastas allí congregados lo gozaron, seguro, pero los demás nos vimos tentados de cortarnos las venas a la tercera canción, cuando descubrimos que todo sonaba exactamente igual de coñazo y pesado, con esos ruiditos y esas guitarritas surferas-reggae-moñas y esas baterías chusteras. Diréis que soy muy dura con los chavales, pero es que no estabais allí (y lo mismo hasta os gusta ese rollo, lo cual es perfectamente respetable no, no lo es).

Después de cosa de hora y media de horror y muerte cerebral, empezó a sonar de fondo “Bohemian Rhapsody” como preludio de que una banda de un rock, digamos, más clásico iba a salir y quería al público completamente entregado. Tras la masterpiece de Queen, apareció el famoso conejito rosa (mascota de Green Day) para animarnos mientras sonaba “Blitzkrieg Bop” y no tuvimos que esperar mucho más para que Green Day aparecieran sobre el escenario. Es cierto que ya no conservan esa frescura de la que hicieron gala en la era “American Idiot” (cuando aún no estaban acostumbrados a ser una banda de estadio) y que todo está más trillado y guionizado (repiten los mismos truquitos que saben que funcionan), pero aún así merece la pena verles en directo. Tocaron algunos temas de la trélogy (“99 Revolutions“, “Oh Love“, el nuevo himno del punk “Let Yourself Go“, “Brutal Love“…), pero sobre todo se centraron en sus éxitos anteriores, especialmente de sus archiconocidos “Dookie” (cayeron las típicas, pero también nos sorprendieron interpretando “Chump” y “Burnout“) y “American Idiot” (cayeron “Wake Me Up When September Ends” – que no sonó en su anterior visita -, “Holiday“, “St. Jimmy“, “Jesus Of Suburbia“, una semiacústica “Boulevard Of Broken Dreams“…), además de “Know Your Enemy“, “Minority“, “Hitchin’ A Ride“, “King For A Day” (esta vez sin calvo de Billie Joe Armstrong, pero sí con una demostración por parte del frontman al saxofón). Tré Cool cantaría parte de Shout” de The Isley Brothers (cover a la que nos tienen acostumbrados a parte de “Highway To Hell” y “Break On Through”) mientras el cantante se colocaba tras la batería, también aprovecharían sus speech para meterse con los tiempos de corrupción y miseria que nos han tocado vivir, pidiéndonos que disfrutáramos de ese momento, que hasta que el concierto acabara sólo teníamos que sentir “love and joy“. Sacaron a gente del público a cantar, tocar la guitarra (por cierto, uno de los hijos de Armstrong echó una mano como guitarra de apoyo en “Longview“) y a tirarse desde el escenario. Lanzaron camisetas, agua y papel higiénico… La verdad es que fue muy divertido para todos los presentes. Y aún no he hablado del bajista Mike Dirnt, pero es que ya le conocéis: es siempre el más discreto, aunque se le vio muy emocionado y entregado durante todo el show. Cuando sonó “Good Riddance (Time Of Your Life)” supimos que las dos horas y pico de concierto de los californianos habían llegado a su fin, aunque nos prometieron volver en breves a España, así que no pudimos sentirnos del todo tristes. Y pasando de ver al borde de John Lyddon con PiL, nos fuimos (de nuevo también por causas ajenas a mí). Y así, por todo lo alto, terminaron mis tres días de festival.

FIN

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Concierto de Imperial State Electric en Madrid

Ayer, 30 de abril, acababa el mes y empezaba la gira por España de Imperial State Electric, el grupo liderado por Nick Royale, en el que reúne a algunos de los mejores músicos de la actualidad para ofrecer un señor espectáculo del rock más atemporal y perfeccionista que os podáis imaginar.

De ir preparando el ambiente de la sala El Sol se encargaron los suecos Satan Takes A Holiday. Es probable que nunca hayáis escuchado nada (ni tan siquiera el nombre) de esta banda, pero si os digo que van a acompañar a Kiss y a Hardcore Superstar en su gira conjunta (casi nada) quizás os hagáis una idea del buen directo que tienen. Este power trío desprende una energía admirable sobre el escenario y sus canciones, de un estilo estridente y dotando de gran protagonismo al bajo, animaron de verdad al público, apoyándose también en la buena labor que ejerció el guitarra y cantante Fred Burman como frontman. Conquistaron especialmente al público con temas como “Heartbreaker” (de la cuál toda la sala hizo coros), “Missy” y una cover de una canción sueca de los años 70 con cuyo nombre no me quedé.

Cuando ya pasaban de las doce de la noche, aparecieron por fin sobre el escenario Nick Royale y los suyos. El ex-Hellacopter demostró ser un gran músico para todo el que tuviera sus dudas (¿alguien?), pero lo cierto es que el bajista de la formación (el Datsun Dolf de Borst) hizo también un trabajo encomiable como poco. Ese tío estaba más loco que todos los Imperial juntos.
He de decir que lo que más me impresionó de este grupo fue la perfección con la que sonaron. En vivo suenan exactamente igual que en disco y creo que eso es algo que no había visto nunca en mi vida. Hay grupos que en directo hacen justicia a sus discos de estudio, que en directo molan más o que se las apañan para sonar bien y punto. Imperial State Electric suenan igual, con todos sus arreglos, las voces y los coros perfectos… Y encima resultan enérgicos y entretenidos de ver. Es una banda de diez, no hay otra manera de decirlo. Empezaron con fuerza con “Are You Ready” (una cover de Grand Funk Railroad) y a partir de allí comenzó un excelente repaso por las mejores canciones de su discografía: “Deja Vu“, “Uh Huh“, “Monarchy Madness“, “Resign“, “A Holiday For My Vacation“, “Sheltered In The Sand“… No dejaron de lado hacer alguna que otra improvisación, cambiarse los instrumentos entre ellos, dejar que el bajista se cantara un temita e incluso interpretaron un par de canciones que no habíamos escuchado hasta ahora (“Reptile” digo yo que entrará en su próximo trabajo “Reptile Brain Music“).

Si tuviera que decir algo “malo” de todo lo de anoche, sería algo que me han contado y que yo no viví en mis propias carnes y que, supongo, no tiene nada que ver con los músicos, sino con los organizadores: que la entrada al afterparty costaba 11 euros. ¿No os parece bastante que la gente pague por ir a un concierto de rock en los tiempos que corren? Aunque, por suerte, esto es sólo una anécdota.

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En fin, ¿cómo puedo cerrar esto de la forma más breve y concisa posible? Diciendo que el que se haya perdido este concierto a sabiendas debe de arrepentirse y mucho. Y tú, que no has podido ir o que no los conocías, es mejor que la próxima vez no te quedes sin verlos.

Marcarse un HB

Marcarse un Heaven’s Basement“: expresión que viene a significar que el telonero, con su talento y su saber estar, ha dejado en muy, muy mal lugar al artista de primera línea al que venía acompañando.

Después de este pequeño acto de mala leche, una aclaración: me gusta pensar que soy lo más justa posible. Por eso no me gusta decir que el trabajo de un grupo de música es una mierda sin más. Detrás de eso que puede que yo (o usted) considere una mierda, seguramente hay muchas horas de trabajo, esfuerzo y sacrificio por parte de los componentes de la formación. Conozco a muchos músicos, quiero pensar que sé expresarme y escribir sobre música y además yo también tengo mi propia banda, así que más o menos sé qué se cuece detrás de los escenarios y de los discos de estudio. Por eso no voy a empezar diciendo que la actuación que los californianos Black Veil Brides ofrecieron el pasado 7 de abril en Madrid fue una mierda y punto. Prefiero pensar que no fue su mejor día, que quizás les impusieron ciertas condiciones que desconocemos, quizás, quizás, quizas… Aunque por lo que he leído en Twitter y en otros blogs todo se resume en que son los niños guapos y mimados del hardcore/metal alternativo que prefieren una sala con 200.000 personas a una con solo 200, pero ya os digo que no quiero pensar mal. Por eso sólo diré que dieron un concierto breve (muy breve, tirando a timo, la verdad – me habría fastidiado gastarme un pastizal en una entrada VIP, haciéndole con esto un guiño de complicidad a cierta persona-), con un sonido simplemente correcto, que Andy Biersack es muy mono pero no tan artista como pretende y que como boyband de hardcoretas tatuados dan el pego (¿vendría aquí a cuento utilizar el popular término “postureo“?). En fin…

Pero no os equivoquéis. No todo fue en vano. Las estrellas principales de la noche decepcionaron, sí, es verdad, pero yo me llevé algo mucho mejor. Bueno, yo y muchos más, doy fe: descubrir a otra banda que sí merece la pena en todos los aspectos. Dicha banda es Heaven’s Basement, el grupo de hard rock escogido para acompañar a BVB en su gira. Salieron puntuales al escenario y ofrecieron una actuación sobresaliente. Y encima tienen buena imagen y muchos truquis preparados (el batería lanzando sus baquetas a alturas imposibles y recuperándolas después, el guitarrista guaperas luciendo palmito y moviéndose frenéticamente a la vez que efectuaba unos riffs y solos de guitarra que harían babear a cualquiera, el cantante haciendo crowdsurfing y caminando sobre la audiencia como Cristo sobre las aguas…). Tocaron un setlist electrificante, con canciones que se te clavaban en el cerebro a la primera, sin bajones, volviendo loca a toda la audiencia, que se dejó la voz y las cervicales durante su show. A mitad de su concierto, mi acompañante y yo ya andábamos comentando que sólo por ver a estos tíos había merecido la pena pagar la entrada. Y como ya habréis notado, no nos equivocábamos.

Mientras los BVB se decantaron por huir o esconderse malamente de sus fans (joder, muy bien, así se hace), los chicos de Heaven’s Basement se posicionaron donde todo el mundo pudiera verles y se dedicaron a vender su disco (“Filthy Empire“, altamente recomendable), a firmar autógrafos, a sacarse fotos con todo el mundo, a regalar posters y pulseras… Y encima no dieron muestras de hastío, no dejaron de sonreír y de hablar con la gente (sus caras eran poemas al ver que casi todo el mundo les decía que habían sido los grandes de la noche). Rob, el bajista, nos dijo que esperaban volver pronto a España, que de hecho estaban esperando a ver si les confirmaban algún festival por estos lares. Espero que sea así.

Heaven's Basement

Heaven’s Basement

Black Veil Brides

Black Veil Brides

Concierto de Cancer Bats en Madrid

Después de la actuación que Cancer Bats ofrecieron ayer en la capital una idea no dejaba de rondar mi mente: “Me habían dicho que eran buenos, pero no tanto”. Efectivamente los canadienses dieron un señor espectáculo, con mucho hardcore punk de la vieja escuela y un setlist de los que no te permiten ni un segundo para respirar.

A las 20:30 las puertas de la sala Ritmo & Compás se abrieron para todos aquellos que llevábamos meses (y años) esperando que este día llegara. Para nuestra sorpresa el cantante Liam Cormier estaba allí haciéndose cargo de la venta del merch, firmando autógrafos y chapurreando español sin perder ni por un momento la sonrisa. Así da gusto. Los españoles Adrift (escogidos personalmente por Cancer Bats para que les acompañaran esa noche después de haber coincidido en el festival Costa De Fuego el año pasado) empezaron a las 21:00 a preparar el ambiente con su metal alternativo de tintes progresivos y el público en general respondió muy bien a la propuesta de los madrileños, que mantuvieron un buen nivel, incluso cuando unas cuerdas rotas intentaron cortarnos el rollo a todos (sin éxito, afortunadamente).

Una hora más tarde Cancer Bats hicieron su aparición en el escenario y a partir de ahí comenzó una hora y media de no parar de saltar, gritar y hacer headbanging al ritmo de ese hardcore de reminiscencias ochenteras y hard rockeras. Tocaron todos sus éxitos y varios temas de su último trabajo, “Dead Set On Living“, más “Sabotage“, su cover de la canción de los Beastie Boys. “Pneumonia Hawk”, “Bricks & Mortar”, “R.A.T.S”, “Deathsmarch”, “Old Blood”, “Lucifer’s Rocking Chair”, “Smiling Politely”… Practicamente no se dejaron ni uno de sus grandes temas y cerraron apoteósicamente con “Hail Destroyer“. La gente no dejó de moverse con ellos, de hacer pogos, circles of death y de lanzarse desde el escenario… Los chicos de Cancer Bats por su parte tampoco dejaron de moverse. Parece increíble que suenen como suenan si mientras están tocando, cantando y gritando no dejan de moverse como lo hacen. Pura adrenalina y pura locura serían dos buenas maneras de describirlo. Destacaron sobre todo el frontman, Liam Cormier – que no dejó de interactuar con el público, dejando bien claro que en Madrid tenemos más cojones que en otros lugares y dejándose el cuello en cada tema (yo diría que literalmente) – y el bajista, Jaye R. Schwarzer, que instrumentalmente es el alma indiscutible del grupo y que tampoco dejó de moverse al frenético ritmo de la música ni perdió el aliento acompañando vocalmente a Liam. El batería Mike Petters y el guitarrista Scott Middleton son de estos tipos que parecen pasar de alardear aunque hagan su trabajo perfectamente, sin marcarse solos impresionantes ni nada de eso, pero también dejaron bien claro a sus fans lo encantados que estaban de estar allí esa noche (sobre todo Middleton, a quien se notaba que le gustaba hablar mucho con el público después del concierto. Además también le encanta dar abrazos).

Desde luego puedo decir que me alegro de que Cancer Bats hayan montado esta escapadita en su gira como teloneros de Enter Shikari y que hayan venido a visitarnos después de tanto tiempo. Gracias a ellos y a los chicos de la revista Rockzone por toda la organización y por permitirnos pasar un rato tan divertido.

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Detalles del concierto de Cancer Bats

Ya está más que confirmado que Cancer Bats estarán en Madrid el 9 de enero. Será en la sala Ritmo & Compás a las 20:30 y estarán acompañados por el grupo de metal español Adrift. Las entradas anticipadas cuestan 12 euros y se pueden conseguir ya vía mail (rockzone@rockzone.com.es) o en las tiendas Cuervo Music (calle Velarde, 13) o Sun Records (plaza de Santo Domingo, 8). También habrá venta en taquilla, pero el precio será de 15 euros.