“Nothing Happens Overnight” de Rebel Machine

Hace mucho que no escribo una recomendación o crítica y creo que éste es un buen momento para ello. Sobre todo porque nunca va a ser un mal momento para presentar a Rebel Machine, banda de Porto Alegre (Brasil) que el pasado mes de julio lanzó su álbum auto-producido “Nothing Happens Overnight“, un torbellino rock de lo más electrizante y que no pierde la frescura a pesar de estar cargado de influencias clásicas.

El disco se abre de forma excelente con dos bombazos llamados “Don’t Tell Me I’m Wrong” y “Down The Road”, que si te gusta el estilo, te engancharán instantáneamente. Los coros de la primera no se me van de la cabeza.
Bajamos un poco (muuuy poco) el ritmo con “Waiting For You”, un tema muy del rollo de Black Stone Cherry, y volvemos a subir con la cañera “It Doesn’t Matter To Me” (que tendrá próximamente videoclip, si estoy en lo correcto).
La guitarra que da inicio a “Goodbye Honey” me hace creer por un momento que voy a escuchar algo nuevo de los Guns N’ Roses (los viejos, los que molan, no los del “Chinese Democracy”) y, en efecto, veo mucho de los Guns en esta canción. En “Run Away” podemos percibir una faceta algo más dura de la banda, con un ligero aire stoner en esas guitarras más pesadas de las estrofas y en los arreglos que hacen de éste un tema bastante interesante.
Con “Nothing On Me” (que tiene el solo por excelencia del disco) y con “Life Is Fuckin’ Good” (que dura casi 7 minutos, convirtiéndose en el corte más largo del tracklist) llegamos al final.

Para un LP, ocho canciones podrían resultar algo escasas, pero si nos tomamos este trabajo como una carta de presentación, diría que es una duración más que correcta. Es genial saber que siguen apareciendo buenas bandas de rock en todo el mundo (en Brasil debe de haber una escena de lo más curiosa, pues Rebel Machine no son los primeros rockers brasileños con los que me topo); pero opino que tienen muchas posibilidades de crecer y mejorar, lo cual no es una pega, es más bien algo que va muy en su favor (si en tu primer disco alcanzas tu tope, mal vamos). Todo va por gustos y por cómo te pille la escucha que estés realizando, pero aunque algunos de los cortes del disco me han parecido posibles hits desde el primer momento (las de la primera mitad del disco, sobre todo), a otros les falta ese algo que los haga más memorables. Pero la calidad se percibe desde el primer momento, eso no se lo van a quitar y tampoco van a quitarme a mí todas las escuchas que me quedan, que van a ser muchas, pues de verdad es un disco que merece la pena y estoy ansiosa por ver y saber más de estos chicos. ¿Querrán pasarse por España para ver cómo se defienden en directo?

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“Leche De Rock” de Lilith

La vocalista de Lilith, Agnes Castaño, ya nos contó en la entrevista que le hicimos el año pasado un poco sobre lo que iba a suponer su nueva referencia, “Leche De Rock”. De entrada iba a ser el fin de una era; de una trilogía compuesta por “No Te R.I.N.Das” y “Sal Si Puedes”; y la parte más madura de su vida musical (aunque el término “madurez musical” pueda sonar a tópico). El caso es que después de varias escuchas a su “Leche De Rock” puedo decir que sí, que definitivamente el disco suena maduro y diferente de todo lo que han hecho; más centrado esta vez en la decepción, las relaciones y el paso del tiempo. Lilith han pasado, sin abandonar su carácter y su frescura, de un estilo desgarrado más similar a nuestro sucio y directo rock patrio a un rock algo más elegante, elaborado y quizás más cercano instrumentalmente al hard rock que podemos encontrar fuera de nuestras fronteras (sobre todo al rock escandinavo). Si ha sido algo buscado o no, o si es cosa mía, no lo sé; el caso es que noto una evolución importante y eso me hace sentirme encantada de que este nuevo disco vaya a ver por fin la luz.

“Leche De Rock” comienza con “El Muro”, primer tema presentado por la banda a principios de esta semana. Aquí escuchamos a una Agnes igual de guerrera y crítica que de costumbre. He de decir que este tema me recuerda bastante al estilo de Turbonegro y junto con otras cosas del disco, es por esto que digo que parecen haberse basado bastante en el rock del norte de Europa para producir y componer este trabajo. Las guitarras suenan verdaderamente potentes y crean una atmósfera que nos harán venir arriba desde el primer segundo. Seguimos con “Miénteme”, muy melódica y con un estribillo de lo más pop y que da paso a “Entre Líneas”, una melancólica balada (aunque no tan lenta como puede parecer en su inicio) que ya habíamos escuchado en acústico hace unos años y que, para qué negarlo, es mi debilidad. La letra me parece de lo mejor que ha escrito la banda, aún con los cambios que han introducido para la versión de estudio. Después de este corte nos encontramos con una rockerísima versión de “Por Qué Te Vas” que contrasta completamente con la que solía cantar la dulce e inocente Jeannette en su día. Seguimos con “Pasado”, donde, entre otras cosas, nos hablan del poder de la música para evadirse e incluso cambiarnos la vida (mencionando a las figuras de Jim Morrison y Kurt Cobain – éste último parece ser un personaje recurrente en las canciones de Lilith -). El siguiente tema es “Payaso”, que ya nos presentaron anteriormente y que nos puede recordar más a todo lo que han hecho Lilith musicalmente hasta ahora. Es una canción furiosa, divertida y con una letra estupenda, cantada con un sentimiento y una fuerza que sólo alguien como Agnes Castaño es capaz de derrochar. Continuamos con “Peter Pan”, con esa instrumentación que te golpea y que suena más sucia gracias a ese bajo y esos arreglos tan Misfits; y con “Ángel”, una canción grunge, con ese característico estilo repetitivo, oscuro y oscilante. “Porros” es un tema punk sobre la adicción y la dependencia, comparando el amor con las drogas. Le sigue “Bola De Fuego”, quizás la mayor sorpresa que me he llevado escuchando este disco. Es pegadiza, sexy, gamberra y muy divertida con esa base tan “My Sharona” y ese estilo powerpop tan refrescante. “Nuevo Orden”, con su riff a ratos se acerca al stoner y, apoyado en varios arreglos corales, es un canto de amor a la música rock (algo que nunca falta en la temática de Lilith) y precede a “El Proscrito”, un tema extraño y siniestro, y que yo me he tomado la libertad de interpretar como una crítica hacia la escena política o, en definitiva sobre lo que dice su moraleja: “quien mal anda, acaba mal”, seducido por mentiras o ansias de poder. Finalmente nos encontramos con un bonus track: “Canción De Navidad”, título de un villancico que no lo es. Es una exposición ácida sobre el mundo que nos rodea, la hipocresía, el falso refugio que supone la cultura pop y todo lo que va mal en general.

En definitiva, “Leche De Rock”, es el broche final de una etapa. Nos habla de los temas que suele tocar este grupo: el desamor, la crítica social y el rock, pero esta vez visto desde un prisma más adulto, sabiendo que todo pasa por un motivo y tomándolo con más sentido del humor y con más filosofía que cuando éramos más jóvenes. Por cierto: creo que haberse decantado por Iker Piedrafita para producir este álbum ha sido todo un acierto. Ha sabido darle ese transfondo más pop a las canciones sin quitarles su identidad y su desenfado, dotándoles de este toque compacto y de la sobriedad que esta vez precisaban. Enhorabuena a todos.

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“Four By Four” de Backyard Babies

Gracias a que hay gente maja por el mundo, llevo ya varios días escuchando lo nuevo de los suecos Backyard Babies; un disco que tiene a todo su público expectante y del que creo que ya puedo hablar con algo de propiedad y esperando despejar algunas dudas antes de su lanzamiento oficial este viernes 28 de septiembre (aunque, si no me equivoco, ya está en las tiendas de Japón). Si sólo os esperabais un disco de punk o hard-rock a muerte o una continuación de su “Total 13”, me temo que os vais a llevar una pequeña decepción. Pero si tenéis la mente abierta, en este “Four By Four” os vais a encontrar con un discazo en el que la evolución de la banda queda bien patente en su instrumentación, melodías vocales y arreglos. Estamos ante el trabajo más melódico de Backyard Babies y ante el disco con el tracklist más redondo, para mi gusto, desde su “Making Enemies Is Good”. Nueve temas en total; no tardas mucho en escucharlo entero y morder el anzuelo. Qué nueve temas. Uno menos te habría sabido a demasiado poco; uno más podría haber estropeado la armonía perfecta que han creado. Creo que se han arriesgado, olvidándose de lo que se podía esperar de ellos y centrándose en hacer un trabajo del que se sintieran orgullosos, con canciones que se te quedan en el cerebro desde la primera escucha.
El disco se abre con el primer single, “Th1rt3en Or Nothing”, con ese estupendo riff que imita a la voz, ese adictivo cowbell y esos coros de Dregen poniendo la guinda. Toda una declaración de intenciones, ya que al leer el título se nos viene a la cabeza ese gran éxito suyo que fue “Total 13”, y puede que con esta canción quieran decirnos que no van a dejarse amedrentar por la gloria del ayer y que van a afrontar esta nueva etapa con ganas de demostrar todo lo que pueden hacer como banda. Y si esto te parece poco, toma dos tazas: la siguiente canción es “I’m On My Way To Save Your Rock ‘N’ Roll”. Un tema de lo más divertido y que se va avivando a medida que Nicke Borg va acelerando sus frases hasta llegar a un estribillo de lo más pegadizo. Continuamos con “White Light District”, con una línea vocal cuyo estilo me recuerda al de su hit “The Clash” y que es tal vez el corte más punk de álbum. Nos encontramos entonces con “Bloody Tears”, la balada del “Four By Four” y, probablemente, la canción más pop que hayamos escuchado por parte de los suecos (superando a “Abandon”, a “Roads” o a la maravillosa en su simplicidad “Saved By The Bell”). Reconozco que a mí también me asustaron esos pianos al comienzo de la canción la primera vez que la escuché, pero tras muchas escuchas ha acabado siendo de las canciones que más disfruto, quizás por lo expresiva que me resulta (y por esa guitarra del estribillo, que me resulta irresistible). Seguimos con “Piracy”, un tema típico de la factura de Backyard Babies y que nos proporciona una buena vuelta al tono rockero y fiestero del álbum. Y aquí llega mi canción favorita del disco: “Never Finish Anythi”. Menudo temazo. Tiene todo lo que me gusta del rock and roll y todo lo que me gusta de los Backyard Babies. Una filosofía genial (“No solution, no problem!” – y esos benditos coros y arreglos que acompañan a la frase -); las voces de Nicke y Dregen encajando, fundiéndose y solapándose a la perfección; breaks y contrastes; momentos de lucimiento para todos los músicos… Me enamoré a la primera escucha y creo que a estas alturas ya podría ser de mis favoritas de la banda. Siento que podría intentar hablar más de esta canción y aún así no poder reflejar del todo lo increíblemente guay que me parece. En “Mirrors (Shall Be Broken)” veo mucho del “Ruins Of A Riot” de Nicke Borg Homeland, el proyecto en solitario de Nicke Borg, un proyecto que probablemente ha permitido que este músico crezca mucho como cantante y compositor, así que para mí es perfecto que esta parte de él esté presente en este álbum. Continuamos con “Wasted Years”, que tiene un estribillo digno del mejor punk pop (no puedo evitar que me recuerde un poco al estilo punk skater de los 90 de Green Day y similares). Y sí, llegamos al final. La escogida para cerrar el tracklist es “Walls”, una canción bluesera, con una socarrona melodía vocal que acabarás tarareando sin darte cuenta y con una mitad instrumental con la que se pone fin al disco. Sé lo fans que son los Backyard de Social Distortion y una parte de mí quiere creer que es un pequeño guiño al punk rock bluesero de los de California. Aunque probablemente sean imaginaciones mías. Sea como sea, me parece un acierto que acaben con este tema que es todo un contraste dentro del disco y de toda su discografía.
Backyard Babies es un grupo con el que conecté más tarde de lo que me gusta admitir y que me descubrió que reunía prácticamente todo lo que me gusta de la música rock (como más o menos he comentado antes). He disfrutado de todos sus discos, sin entender por qué habían encontrado tantos detractores dentro de su fanbase a medida que iban saliendo sus últimos trabajos. Me parece que siempre han hecho una labor alucinante componiendo y escogiendo sus canciones y que, al contrario que esos fans-detractores que sólo saben pedirles otro “Total 13” o que vuelvan a las raíces (que yo creo que nunca han abandonado), son unos inconformistas en lo que a su música se refiere. Y qué queréis que os diga, yo creo que ese es el camino. No han cambiado de estilo ni falta que les hace, pero lo han madurado, lo han hecho suyo, con unas melodías que tienen su marca personal y sin estancarse ni sacar temas mediocres. No puedo dejar de pensar que esto tiene mucho mérito después de tantos años en el mundo de la música. Si me faltaban motivos para admirarles, ya me puedo quedar tranquila: dieron un directo sobresaliente en el Leyendas del rock que hizo que la mierda del camping y el calor abrasador merecieran la pena, y su último disco es una absoluta pasada que, siendo justos, debería callar muchas bocas. Vamos, que parece que empiezo a tener motivos de sobra.
Por cierto, no os olvidéis de que en noviembre estarán visitando tierras españolas. El 14 de noviembre estarán en la Bikini de Barcelona y el 15 de noviembre en la Joy Eslava de Madrid.

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“Positive Songs For Negative People” de Frank Turner

Con máquinas creativas como Frank Turner la espera, sea cual sea su duración, siempre se hace larga y difícil. Vamos, que estaba esperando con ansias escuchar su sexto trabajo. Tendríais que haber visto mi cara cuando abrí el paquete que contenía el disco (en su versión Deluxe, con 10 de los temas del álbum en acústico) y el póster firmado. Ni una niña pequeña en la mañana de Reyes.
Positive Songs For Negative People“. Canciones positivas para personas negativas. Con ese título podéis haceros una idea del mensaje general del disco y hasta podríamos pensar en una continuación (por sonido y por concepto) de su “Tape Deck Heart” (2013), que trataba sobre los golpes de la vida y el esfuerzo que hay que hacer para sobrellevarlos. “Positive Songs For Negative People” trata de la recuperación, de mantener la moral alta, de disfrutar de cada momento de esta bonita y perra vida; y nos habla de ello de distintas maneras durante los 12 cortes producidos por Butch Walker (un acierto).
“The Angel Islington” abre el tracklist, mencionando el río Támesis como ya hiciera en “Tape Deck Heart”, en una pieza acústica, en vivo, sencilla y que funciona bien como introducción. “Get Better” golpea con fuerza con Turner cantando hasta con rabia; con su poderoso mensaje “podemos mejorar porque aún no estamos muertos” y con su sonido, más eléctrico que el habitual. Funcionó genial como primer single y es sin duda una de las grandes canciones del disco. Continuamos con “The Next Storm”, segundo single y un tema que mejora con el tiempo y del que destaco, entre otras cosas, esos maravillosos arreglos de piano y los coros de la última parte. Tiene algo que me recuerda a su “I Still Believe”. La faceta más blandita del inglés hace su acto de presencia entre violines en “The Opening Act Of Spring”; en “Glorious You” nos encontramos con un tema muy típico del artista, pero que no por ello disfruto menos; y llegamos a “Mittens”, sobre el amor no correspondido y un tema bastante triste en comparación con lo que llevamos escuchado y es quizás en esa diferencia donde reside ese algo que hace que sea mi favorita por ahora. “Out Of Breath” irrumpe con su ritmo frenético en el que el oyente se pierde hasta quedarse sin aliento, lo cual significa que músicos y productor han hecho bien su trabajo. Seguimos con “Demons” y su mensaje de exprimir la vida al máximo y no malgastar el tiempo; hacemos una buena parada en “Josephine”, en la que se percibe la influencia de The Gaslight Anthem en sus partes más cañeras y en los coros y continuamos con “Love Forty Down”, con ese característico teclado de su estribillo y en la que Frank Turner se deja la voz y el corazón. Fundido con “Love Forty Down” llega “Silent Key”, tal vez el corte más interesante debido a sus arreglos, ese ritmo tambaleante de la voz y la letra sobre Christa McAuliffe, la profesora fallecida en la catástrofe del Challenger y la leyenda urbana de que en realidad sobrevivió y transmitió por radio las palabras “I’m alive” durante 2 minutos y 45 segundos. Y llegamos al final, al duro final con “Song For Josh”, grabada durante un concierto y que es un doloroso lamento por un amigo que se quitó la vida y que, a pesar de lo obvio, deja ver el gran talento que tiene este hombre para transmitir su dolor y su enfado y hacerte formar parte de lo que está sintiendo. Consigue que se te haga ese nudo en la garganta y que se te rompa algo dentro. Es una canción muy triste, pero también es muy hermosa y un bello homenaje hacia su amigo.
Me declaro fan incondicional del señor Turner, así que este nuevo trabajo me gusta por descontado. ¿En qué medida? No creo que pueda decir que sea mi favorito por el momento, pero creo que es un disco más que digno y en el que vuelve a demostrar lo buen letrista que es, lo cual es al fin y al cabo lo que me conquistó de este músico. Y desde luego cumple con su cometido de hacer que una se sienta optimista dentro de lo difícil que es sentirse así en algunos momentos. El caso es que el disco va creciendo a medida que lo interiorizas, así que puede que en unos días se posicione como mi preferido, ¿quién sabe? El caso es que, sí, Frank lo ha vuelto a hacer.

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“Everything” de The Diesel Dogs

Hay que decirlo: The Diesel Dogs no es una banda para todo el mundo. No es tu banda si no te gusta el rock honesto y directo con toques de punk, glam y hard rock; si prefieres la perfección que da un ordenador sobre la suciedad y la crudeza de un directo en un garito madrileño. No es tu banda si no estás dispuesto a indagar y a tratar de entender lo que dicen sus canciones sin quedarte en la escucha superficial. No es tu banda si no te gusta que te digan ciertas verdades sobre la sociedad y la época que nos ha tocado. Y si te gustan sin saber lo que dicen sus letras (no todo el mundo sabe inglés y a algunos les da simplemente pereza abrir el libreto – me declaro culpable de este delito en ocasiones -), me parece estupendo, pero te quedarás con la mitad de lo que puedes llegar a sentir al escuchar a esta banda-fuente inagotable de crítica.

Comenzamos por el tema que da nombre al disco y que es además el primer single: “Everything“; una especie de canto a la libertad y al poder que posee cada individuo para cambiar su situación. El estribillo es de lo más pegadizo y las guitarras son de lo más Replacements. Desde luego funciona bien para enganchar al oyente. “National Anthem” es un irónico título para una pieza dedicada a la decadencia de una humanidad basada en el consumo masivo y en vivir para consumir. Pasamos por “Under The Loving Care” – donde vemos que han bebido mucho de The Gaslight Anthem (mucho y muy bien) -, por la “llamada a la revolución” de “The Contender”, llegamos a “Before The Universe Explodes”; que comienza calmada y sencilla, pero va creciendo y acelerándose, mostrándonos lo que para mí podría ser el monólogo interno de alguien cualquiera preguntándose qué pasa en el mundo y por qué no hacemos nada para evitar que la situación se mantenga. De nuevo pasamos de este sentimiento de tintes más derrotistas a una sensación más esperanzadora en “Interzone”, seguida de “Restless”, una balada acústica con aires de nana y que a mí por lo menos me parece bonita e interesante de escuchar. Continuamos con la cañera “Days Of Our Lives” y con “Today Is The Future (You Were Promised Yesterday)”, en la que hablan de personas de a pie y de un político cualquiera de alguna rama izquierdista y de cómo son sus vidas actuales, en las que inevitablemente hay una sensación de conformismo y de no pensar demasiado en ello (por si acaso). En “Plataforma” se nos presenta el duro hecho de que la gente parece haber perdido la capacidad de amar desinteresadamente, de preocuparse por el prójimo y la poca importancia que parece tener hoy en día la lucha por el bien colectivo. Y llegamos al final con “I Am The Holocaust”, un interesante y punk cierre sobre la muerte de la humanidad (en el sentido más emocional y filosófico de la expresión).

Producido por Fernando Pardo y masterizado por Tom Baker, este disco es un verdadero remolino de sentimientos enfrentados: de la desesperación a la esperanza pasando por la rabia que produce la resignación y la impotencia constantes; la batalla contra uno mismo y contra el mundo; la comodidad de la ceguera y la necesidad de abrir los ojos. “Everything” ha llegado a nosotros en un momento de incertidumbre, tensión y presión y, aunque The Diesel Dogs hacen referencia sobre todo a la sociedad y a la cultura estadounidense, es imposible no ver nuestro alrededor reflejado en las once canciones que componen su cuarto trabajo de larga duración (sin olvidarnos del EP “Antihumanism”, precedente a este disco). Aunque puede que esta vez nos encontremos ante el trabajo más optimista de la banda, algo que tal vez hayan querido reflejar en el artwork del disco: compuesto por colores claros, luces, imágenes cotidianas y positivas, composiciones agradables para la vista y líneas limpias. Se podría decir que es la luz al final del largo y oscuro túnel que aún tenemos por delante. Puede que estemos ante el trabajo más completo de The Diesel Dogs hasta el momento y, aunque no es un disco inmediato (necesita unas cuantas escuchas para asimilarlo), opino que han hecho una gran labor y que se ve que tantos años de carretera, escenarios y ensayos dan sus frutos. Mi enhorabuena.

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“Hola, Somos Los Putos Sexy Zebras” de Sexy Zebras

Ya hemos podido escuchar de principio a fin el nuevo disco de Sexy Zebras: “Hola, Somos Los Putos Sexy Zebras“. No existe un nombre más directo para un disco y en el que quede más patente la actitud de una banda. Y es que esta vez el trío madrileño vuelve con más fuerza que nunca y confirmándose, ahora sí, como una banda de rock a tener en cuenta. Letras revolucionarias, gamberras, ignorantes del término censura y un sonido de lo más enérgico, con guitarras sucias y furiosas. Imposible no hablar de la base rítmica, claro está, con unas baterías de lo más agresivas y un bajo que sabe ganarse el protagonismo. Aquí cada uno tiene su papel y lo cumple a la perfección, nadie eclipsa a nadie y los tres (Gabi, Jose y Samu) están presentes todo el rato. Es un grupo, compacto, una verdadera unidad en la que nos encontramos con buenas referencias (intencionadas o no) como The Hives (esos riffs de guitarra son muy “Veni Vidi Vicious”), clásicos como AC/DC (en esas pegadas y maneras de encajar las voces) y también un sonido muy setentero (Hendrix y Zeppelin), pasando por cosas más frescas como Royal Blood (simples, pero contundentes). Si os gusta lo que escucháis, no dudéis en vivirlo en directo. Una servidora ya ha tenido la oportunidad y os aseguro que su espectáculo es un auténtico Woodstock. ¿Algo más? Pues que en principio me quedo con su nuevo single, “Búfalo Blanco“, y con “Hijo de Puta“. ¿Y alguna pega? Quizás algunos cortes suenan un poco parecidos entre ellos, pero está claro que hay una evolución notable con respecto a sus anteriores referencias, así que es lo de menos. Haceos un favor y escuchadlos y olvidad esa mierda de que el rock en nuestro país está muerto.
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“La Primavera Del Invierno” de La M.O.D.A.

Tal vez la euforia hable por mí, pero después de muchas escuchas creo que puedo decir que sin duda estamos ante uno de los discos del año, si no ante EL disco del año. Como ya pasara con su anterior referencia (“¿Quién Nos Va A Salvar?”) La Maravillosa Orquesta Del Alcohol nos ha traído diez canciones frescas, que no recuerdan a nada que hayamos producido anteriormente dentro de nuestras fronteras. A sabiendas de que resulta inevitable, no sé si es un acierto o un error escuchar “La Primavera Del Invierno” comparándolo con su primer trabajo en castellano, pero lo que está claro es que aunque el espíritu es el mismo (letras honestas, folk rock cargado de influencias, esa voz astillada que pasa como mantequilla por mis oídos) hay una evolución más que notable; fruto de la experiencia, las tablas y los kilómetros de carretera recorridos. Confieso que me ha costado esfuerzo no emocionarme en público durante mis catas iniciales de este disco en el transporte público durante los últimos días (me paso tantas horas en el metro que al final es uno de mis lugares de reposo para oír música atentamente) y es que suena todo tan, tan bien, tan bonito, tan compacto; como si ahora estuviéramos ante un grupo completamente conectado, que funciona como un organismo único. Y no hablemos de las letras, que me han parecido pura poesía (gran parte está más recitada que cantada) y puro sentimiento sin dejarse llevar por grandilocuencias y sin necesidad de preocuparse al extremo por la rima, lo cual aumenta en tu interior esa sensación de urgencia, de necesidad de expresar todo un abanico de emociones en menos de cuatro minutos.
Me cuesta hablar de este disco canción por canción, ya que lo siento como un bloque; como algo compacto e indivisible a pesar de los contrastes que posee, que no son pocos. Encontramos oscuridad en algunos de sus temas (“Nubes Negras”, “Flores Del Mal” e incluso en “Disolutos”), pero siempre con una luz al final del túnel, evidente en “Flores Del Mal” y ese explosivo y alegre final. No estamos ante un disco derrotista ni con una visión cínica de las cosas. Por incluír una metáfora diría que es como la vida: con sus altibajos, con sus cambios, sus momentos malos que no han de impedirnos ver el lado bueno de las cosas. Como esa montaña rusa de la que hablan en “Miles Davis”, que ha relevado en este disco a Johnny Cash; como son la primavera y el invierno.
Los contrastes de lujo en este trabajo también son las dos colaboraciones: la de Gorka Urbizu de Berri Txarrak dando su réplica en euskera sin que este cambio de idioma nos rechine en “PRMVR”, uno de los cortes más animados del tracklist; y la de María Rodés, dulce y hasta frágil en “Hay Un Fuego” (¿estamos ante una de las mejores letras en español de los últimos años? ¿Cuántos os sentís identificados y rabiosos con eso de “seguiré tocando si me muero, no importa si vivo de esto o de ser camarero“?).
La característica voz de David Ruiz suena igual o más rota que antes y también mejor y más segura. En “Los Lobos” suena especialmente dramático sin excederse y con el tono teatral de la pieza, tenemos el combo perfecto. Instrumentalmente notamos que, efectivamente, la banda ha crecido; que ya tienen una identidad propia y que ya no existe esa necesidad de hacer notar la presencia de cada instrumento en cada canción. Cada pieza encaja donde tiene que encajar y todo fluye con naturalidad. Suponemos que todo esto es también gracias al productor Santi García, que ha sabido sacar sin lugar a dudas lo mejor de esta formación. Querría destacar, aún con su aparente sencillez, la instrumentación de “Rascacielos”, en la que es imposible no hablar del acordeón y de Joselito Maravillas que, junto a Pello Ramírez, consiguen transportarme a ese París nostálgico y romántico del que nos habla Woody Allen. Con esta canción cierran el disco, dejándonos con una sensación similar a la que nos dejaba “Nueva Orleans” en “¿Quién Nos Va A Salvar?”.
Terminaré esta reseña diciendo que aún no entiendo que haya quien no haya escuchado a este grupo. Supongo que, como con todas las cosas, habrá gente a la que no le guste tanto este estilo, pero creo que es indiscutible que se merecen una escucha (y más) al ser una banda que no encaja realmente con ninguna de las escenas predominantes de este país. Quiero decir que no son rock calimochero ni tampoco los podemos incluír dentro del soporífero indie español. Tienen una identidad propia, un sonido propio, calidad. Son una escena aparte, quizás son una escena ellos solos. En definitiva: realmente tienen algo nuevo y original que ofrecernos. Desde aquí les deseo todo lo mejor y que esta nueva etapa les traiga cosas muy bonitas a David, Joselito, Adán, Alvar, Caleb, Jorge Juan y Jacobo (que de tanto oírlos ya son como de la familia, qué queréis).

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